Han escrito sobre nosotros

Los Muebles en Emol
Por Marisol García

Resulta de la más alta importancia que las letras de las canciones de Los Muebles estén impresas, claras e íntegras, en la caja de carátula de este disco. La del cuarteto de Santiago es una empresa tan literaria como musical, y sus versos merecen una atención completa; si no como poesías hechas y derechas, al menos como artefactos de innegable carga de humor y absurdo. No es ésta una interpretación nuestra: Los Muebles son la extensión de un proyecto poético más amplio, gestado hace catorce años al interior de un taller de la Fundación Neruda, y vinculado a las vistosas actividades que al respecto ha desarrollado el colectivo Casagrande (responsable, entre otras cosas, de los “bombardeos de poemas” sobre Santiago, Dubrovnik y Guernica).

Los créditos del disco hablan, también, de literatura; con los poetas Julio Carrasco y Santiago Barcaza como integrantes estables del grupo, e invitados afines como Raúl Zurita, Rodrigo Rojas, Andrés Anwandter y Alejandro Zambra. Esa preocupación por la palabra merece, a veces, tomarse muy en serio, como en la estupenda “La balada del hombre de la guitarra azul”, la frontal “Guerreros con un solo corazón”, y en las hermosas imágenes de “El viento nada sabe de mí”; todas ellas guiadas por la guitarra tranquila de Santiago Barcaza, y puntuales timbres de percusión o teclados que van dirigiendo una medida y melodía que no siempre en Chile se entienden como materias primas esenciales para toda buena canción (sólo como referencia cercana puede mencionarse el trabajo de Nutria N.N.).

Sin embargo, sabemos que si el grupo ha ganado fama en vivo y de boca en boca ha sido, hasta ahora, por versos como “eres demasiado mala para mí” (“Mala”), “si no me dices que sí, te voy a violar” (“Dime que sí”) y “qué sexy es la crueldad” (“Qué rico es hacer sufrir”); por no decir nada de la perplejidad que produce la seudocumbia “La lluvia de la ducha”, una directa invitación desde el jabón a la pista de baile. Sólo los Pettinellis habían introducido antes el chilenismo putalaweá en una canción tal como Los Muebles lo hacen en “Elena” (“putalaweá, Elena: te amo”), y por eso es fácil creer que Los Muebles son un grupo articulado en broma, más ocupado de tomarse licencias que de crear ideas; el paso fugaz por la música de una sociedad banal de ingeniosos.

Pero las suspicacias se despejan rápidamente cuando se escucha un tema como “Por vanidad” (parte de la banda sonora de “Turistas”, de Alicia Scherson), que bien debe estar entre lo más hermoso que se ha compuesto en Chile en el último año y que habla de Los Muebles como un proyecto musical atípico pero no por eso menos interesante. Como casi siempre, el humor bien articulado y sintetizado es síntoma, en estas canciones, de mentes bien afinadas.

Los Muebles en revista Wikén / 26 de mayo de 2006
Por Sergio Paz

Desde hace unos meses, un grupo de música la está rompiendo. Se trata de Los Muebles, una banda – pesada, difícil de mover y de transportar- que pide por internet a sus fans que rayen en sus traseros el nombre del grupo, luego se fotografíen y manden las instantáneas a una dirección blogspot. Y el resultado, claro, es sorprendente. Decenas de culos, aunque también tersas pechugas, ya están ahí; prueba ineludible del amor-fervor que produce esta extraña banda liderada por los mismos artistas que han creado insólitos proyectos como Casagrande (una revista gigante que aparece, de tanto en tanto, en las paletas publicitarias del Metro), amén de los ácidos bombardeos de poesía en varias ciudades europeas.

El último concierto de Los Muebles se realizó hace sólo una semana en Bellavista. Cuando la tóxica bruma que agobia a Santiago apenas permitía admirarse la punta de la nariz, un camión de mudanzas dejó a Los Muebles perfectamente arrimados sobre el pequeño escenario del Clandestino; un pub-bar-discotheque, frecuentado normalmente por la flora y fauna más indie de la spielbergniana escena local.

El recital tenía un especial significado para Los Muebles. Aunque ellos no suelen hacerlo, se trataba de un concierto benéfico en favor de Rodrigo Salinas, el único responsable de la hilarante tira cómica que está aquí abajo. Me refiero a Canal 76, la adictiva franja que ya está para libro. Y qué libro. La cosa es que Salinas pronto inaugurará en la sala Gabriela Mistral la primera exposición individual con lo mejor de su obra y, por lo mismo, Los Muebles se cuadraron con Rodrigo y, de no mediar alguna incómoda malversación, todos los fondos recaudados se transformarán en folletitos, vino navegado, papel couché, cartulinas, lápices, U-HU y cuadritos para las obras.

Así las cosas, era de esperar que los primeros reefs (que cursi palabra) estuvieran a cargo del mismísimo Winnis en reemplazo de Cristóbal Bianchi. ¿Quién es Winnis? Pues un héroe-antihéroe creado por el propio Salinas para un personalísimo proyecto junto a La Nueva Gráfica Chilena. Winnis es un ratón humano – con capa y todo- cuyo único súper poder es su extraordinaria voluntad. Por lo mismo Winnis sólo avanza hacia delante, cosa que quedó más que clara en la abertura del show. No voy a mentir. El público, la banda, todos estaban fuera de sí. Tanto que, apenas empezado el concierto, una dulce y preciosa groopie cayó en éxtasis y entonces mostró su trasero, rayado con plumón, que decía: LOS MUEBLES. Y, claro, gritó muy fuerte ¡Grande Los Muebles!

De ahí para adelante todo fue descontrol. Al mejor estilo Los Muebles: Jorge, el bajista, jamás tocó el bajo. Waissbluth, el baterista, no llegó a la cita porque estaba filmando en Barcelona. Y los que sí estaban, Barcaza y Malayo, hacían lo posible para seguir a Winnis (Bianchi).

En síntesis, lo que pasó aquella noche fue una insólita conjunción. Ya lo dije: por un lado Salinas, un artista visual, por otra el parco, cínico, fresco e irónico nuevo aire de Los Muebles; una banda que sin ser banda ha logrado lo que muchos otros grupos, supuestamente profesionales, se morirían por lograr: fervor, fanatismo.

Tanto que hoy son más y más los que se animan a rayarse el trasero con el nombre del grupo; cosa que, hasta donde entiendo, antes de ellos nadie había imaginado.

Es cierto: Los Muebles no venden discos, no tienen clips en MTV, no suenan en los malls ni en las radios, pero ¿quién se rayaría el trasero con Lucybell, Los Tres o Los Jaivas? Mejor ni contestar. Los Muebles no se movieron y lo lograron. ¿La clave? El humor, el sinsentido, la grandeza de la pequeñez.

Vida de Muebles / Revista Qué Pasa / 29 de agosto de 2008
Por Gonzalo Maier

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LOS MALA SUERTE / La Nación Domingo / 10 de enero de 2010
Por Gabriela García

Son desafinados, pero se paran en el escenario como estrellas de Woodstock. El grupo que le debe su nombre a Huidobro y usa play back, publica su primer disco el 13 de enero después de ser el secreto mejor guardado de Raúl Zurita o Alicia Scherson. La cita es en el Centro Arte Alameda y las entradas se agotan.

Podría ser otra de sus jodas. Pero lo cierto es que la banda más bizarra y graciosa del rock chileno por fin hace carne el mito. Desafinados y despechados, si el proyecto de Julio Carrasco (voz), Santiago Barcaza (guitarra y triple), José Joaquín Prieto (batería) y el bajista Cristóbal Bianchi, es el secreto mejor guardado de personajes como Alejandro Zambra, Rodrigo Salinas o la cineasta Alicia Scherson (su canción “Por vanidad” aparece en la cinta “Turistas”), no es precisamente por su prolífica carrera musical.
Poetas, suenan como cantantes bajo la ducha y durante 10 años sólo tocaron dos canciones, su fama radica en su prosa y leyenda.
Ésa que tiene como lema “He manejado el automóvil de mi vida por la dura carretera del rock’n roll”. Y que de paso realiza el deseo frustrado de estrella de Woodstock que más de alguno de nosotros ha soñado.

“La clave está en los coros porque son súper democráticos”, acota Joaquín Prieto y dice que un ejemplo de esa “desafinación pluralista” es la grabación de “Elena”, donde participa Raúl Zurita. No es el Premio Nacional de Poesía el único que se incorporó a la perfomance. También en el álbum “Vol. IV” participa Néstor Cantillana y se escucha a Alejandro Zambra, “a lo Bruce Springsteen”.
Otra cosa: Los Muebles son bipolares. Ingenieros de día, artistas de noche, dicen que son expertos en sufrir pero desatan una risa incontrolable en sus oyentes.

“Pareciera ser una dicotomía insalvable, pero Zurita es ingeniero civil eléctrico. Nicanor Parra me hizo clases de mecánica el año 93 y Sabato es matemático. A la vez, todos los poetas son rockeros. Neruda es como el Black Sabbath de la poesía chilena con su paso pesado y pausado, Parra es ágil como AC/DC y Teillier es como Bob Dylan”, dice Santiago Barcaza.

DESTINO LA MUERTE

El disco está ilustrado con un dibujo de una nave espacial estrellada en la Antártica, Además de tener las caricaturas de los músicos mochileando hacia el dolor.
En el disco, en cambio, aparece una brújula que ha reemplazado los puntos cardinales por las palabras cárcel, manicomio, cementerio y hospital. “Ese es el destino de Los Muebles. Nos encontramos en la rotonda del sufrimiento”, explica Carrasco.
Víctimas del boca a boca (“todo lo que somos es a pesar nuestro”, dice el vocalista), le dicen al fotógrafo de esta nota que si uno de ellos sonríe lo fotoshopee. Son la reivindicación del fracaso.
“Pareciera que somos felices, pero no se confíen. Estamos señalados por la mala suerte”, defienden mientras beben café en Bellas Artes y dicen tener el mismo sino trágico de Johnny Cash. Aunque a diferencia del rockero country, usen play back en sus conciertos.
“Nuestra dinámica es llevar el rock al extremo de la improvisación”, cuenta Julio, “eso hace que nuestras grabaciones sean más tortuosas y la gente tienda a confundirse, ¿estarán tocando de verdad? ¿Son ellos o no? Es parte del mito”, dice el vocalista.
Cómplices desde el año 96, cuando fueron becados por la Fundación Neruda, la banda es el brazo musical del Colectivo Casagrande, famoso por sus bombardeos de poemas sobre La Moneda, Dubrovnik y Guernica.

Su amistad, dicen, es como la de The Rolling Stones o los metaleros de Anvil. Y su nombre, en cambio, lo tomaron de un verso de Huidobro: “Mujer, el mundo está amueblado por tus ojos”.
“Admiramos la columna vertebral de la poesía chilena, es un árbol muy frondoso del cual nosotros somos sólo hojas secas”, señala Carrasco. Y Prieto agrega: “Puede que seamos tiesos, pero los muebles tienen la facultad de resistir cualquier golpe, aun cuando su destino sea el olvido”.
¿Pero la existencia de este disco pone fin al mito? Santiago lo niega: “El tiraje es tan pequeño que de aquí a dos años más va a ser una reliquia”, asegura. Y antes de acomodarse la chaqueta de vestir y volver a su vida de oficina, advierten: “Todo lo que hacemos es intangible, como el humo de una pipa. Somos soldados del espíritu. Una ilusión óptica”.